A menudo he intentado informarme sobre el tiempo en la ciudad que vivo, ya sea en Valencia, en Mallorca o en Weimar, y más aún en esta última ciudad. Una vez me dijeron que en Weimar hacia mucho frio, que nevaba y que me preparase para la nieve. Pues bien, ha pasado todo el invierno, con sus navidades incluidas, y la única nieve que ví es la que generaba mi nevera.
El caso es que a pesar de todo este invierno sin nieve, llegando incluso a los 9º bajo cero, me desperté ayer con la grata sorpresa de ver el suelo de mi jardin nevado, con un grosor de unos 10 cm. De un salto me levanté de la cama y me dispuse durante unos cinco minutos a contemplar este espectáculo de la naturaleza que aún no había terminado, pues seguia nevando.
Tal vez por la emoción de tener esa vista fuera o porque la cerveza de la noche anterior no me habia bajado, llamé a Pablo para usurpar un trineo ajeno a mi persona y disponer de un dia de bajadas y subidas con dicho juguete de madera. Por fin, despues de esperar 7 meses a la nieve, llegó, y llegó con fuerza para poder disfrutarla junto con otros niños que habian tenido la misma idea de irse al Park an der Ilm.
Ahora estoy pendiente si sigue nevando y si la nieve se mantendrá sobre las calles aunque sea por dos dias más. Pero mi ilusión se ve truncada por la aparición, por un lado, del astro rey y la desaparición, por otro lado, de esa evaporación de agua que surca el cielo continuamente por estos parajes germánicos.
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